7 LA GUERRA CONTAR LOS HUMANOS: La genética de dios
7 LA GUERRA CONTAR LOS
HUMANOS: La genética
de dios
13,8 billones de años después del inicio del universo…
eracom era uno de los prisioneros de menor importancia,
al que no había que interrogar porque casi nada sabía dado su incipiente
aprendizaje. A lo lejos se escuchaba un leve murmullo hecho de lejanos gritos
unísonos que provenían de prisioneros, parecían ser interrogados y gritar por
la tortura. Así paso algunos días de hambre y sed rodeado de aquel informe y continuo
ruido de dolor, finalmente cayó inconsciente en esa celda metálica, con sus
extremidades sujetas a cables delgados, pero indestructibles que atravesaban
sus huesos. La longitud de los hilos y la inmovilidad que ejecutaba estaba bien
diseñada para evitar que el prisionero se suicidara.
Entonces
apareció Anthonio. Alto y bello.
Vestía una sotana negra muy larga que movía elegantemente y se mostraba
imponente al caminar hasta él.
Al
encontrar a su prisionero dormido lo acarició para despertarlo casi como
confortándolo. Pero eracom no despertó,
soñaba:
—eLe, ¿que pasara si la nave no se enciende? —dijo
eMe con sereno amor militar a eLe.
—Moriremos juntos, es mejor que vivir separados…
—Tampoco me arrepiento —dijo eMe cogiendo las
frías manos de eLe con toda la fuerza de su sentimiento.
—Tu cuerpo esta frío, déjame morir contigo.
Sus frentes se juntaron,
sus pechos colmados de amor se durmieron, mientras sus conciencias se apagaban
unísonas como cuando acaba una armonía. Mientras, la errática nave se congelaba
lejos de la batalla. Luego, obedeciendo un lejano a mandato dejó su movimiento
caótico y empezó lentamente a dirigirse al Mekhanes artificial que se hallaba a
salvo… pero...
eracom despertó y vio a su
verdugo mezclado con las bellas imágenes de su sueño, tan distintas al horror
que lo rodeada en la realidad.
—Recién
regresas de un lugar mejor, lamento interrumpir tu felicidad.
—Prefiero
la realidad a la fantasía.
—Pero los
sueños no son fantasías, un día te lo explicaré. Tenemos la eternidad para
hablar de esas cosas, todas las cosas, somos dueños de la biblioteca, por ello de
la verdad, pero antes servirás de algo —dijo su voz elegante y viril—, sé que
eres hacedor de máquinas y harás una para mí con tus conocimientos.
—No, casi
no sé nada, ya pueden matarme —dijo eracom lacónico.
—No
recuerdas lo que sabes, sabes cosas que aún no están en la biblioteca, ni en nuestro
poder, pero recordaras, no traicionaras a tu especie, ayudaras a tu dios. No
eres un trans-humano, de serlo ya
habrías muerto con los demás. Ya fueron eliminados todos — agregó soltando la
caricia.
Ahí
supo eracom que Ahelos había muerto.
—Quiero
salvar tu alma. Pero tu cuerpo ya está perdido. Tú eres hijo de un viejo
enemigo, y descendiente de un viejo estudioso del dios, un antiguo Hekantokeinos, creador de la
androgénesis, sí, en ese mundo que crees mejor y que acabo hace ya milenios,
sabemos todo de él —dijo mirándolo con su arquitectónica cara, limpia de toda
compasión.
—Sé que tú
eres el líder de la religión que agusana a esta humanidad —dijo con pasiva calma,
pero asustado de ver que Anthonio
conocía tanto de él.
—No es una
religión, sino una sciencia, y más
exactamente una meta-filosofía, yo soy solo un descubridor de sus dogmas.
—Eres la
representación de su absurdo.
—No —agregó
con la intimidad, la falsa comprensión y paciencia que usan los interrogadores con
los torturados para crear confianza—. La doctrina de la vida siempre fue base
las religiones primitivas. Pero contaminada de mitos y leyendas falsas. Solo su
esencia era real. La bioreligión es la siencia
profunda de la realidad biológica del hombre. Las religiones hablan de vida
eterna, esta es cierta, pero para la vida no para los seres vivos. La culpa y
el tabú que inyectamos en la humanidad permitió a la molécula germinal
subsistir. Y ahora necesitamos extinguir a la otra especie. Para eso te dejó
vivir el dios… o te hizo renacer.
—Yo no
profeso tu religión.
Anthonio sonrió desenfadadamente
traicionado su representación y luego quedó callado. En tono bajo continuo:
—Entiéndelo.
Mi amo es tu mismo amo: La naturaleza. Siempre le has servido. No solo tu desenfrenado
amor, tu fervor a la razón fue insertado por la evolución. Un accidente la hizo
traicionar a su amo. Pero tú ayudarás a corregirlo. Yo represento a la misma
naturaleza. No hay nada sobrenatural en nuestra doctrina. El hombre, siendo
mortal puede y debe vivir para lo eterno no para su fugacidad.
eracom
quedó asombrado de la lucidez de Anthonio. Y era cierto. Él era un
creyente del amor, su esclavo y el amor era biología pura.
—Puedo
sublevarme a la vida, a tu dios —dijo ingenuo.
—Puedes,
pero ¿Por qué tendrías que hacerlo? Solo obedecer a la biología da felicidad,
beber, comer, amar. Las plantas son felices en la luz, las fieras matando y las
aves volando. Impídeselos y verás tragedia, no libertad. Si el salmón elige no
remontar el río, jamás conocerá la felicidad así se destroce remontándolo.
—¿Acaso la
felicidad es solo comer, dormir, amar, respirar?
—Sí, y ni
siquiera todo eso, ¿acaso no serías feliz teniendo lo que tanto quieres, aunque
no tengas comida, agua, ni sueño? Las tres cosas las perdiste por amor. Pero estas cosas no son los fines de nuestra
religión, sino sus medios, el fin último de su vulgaridad es la perfección de
la vida, no acá en la tierra sino en el cielo, en el empíreo, el Aheter,
la eternidad. Yo solo soy uno de sus esclavos en este mundo efímero, tú, otro.
—¿Y acaso
ese dios no vive en la tierra?
—De algún
modo no. Nosotros los organismos vivimos en el presente, pero somos eslabones
de un linaje eterno, ese es el dios. El dios vive en la totalidad del tiempo o
más allá de él, nosotros en el transitorio presente, pero nosotros empujamos al
dios hasta su eternidad.
—Pero es mortal.
Pues está muriendo.
—La vida
muere en cada una de sus criaturas y renace en cada nueva generación, pero un
día el dios alcanzará la vida eterna, cuando la vida termine de acumular
perfección y termine su evolución, ahí será el paraíso, vacío de hombres, donde
solo la vida vivirá. La evolución aún no ha terminado ni logrado su última
meta. Está muy lejos de hacerlo. Pero lo hará. Yo solo vivo para eso. Cada
criatura nacida vivió para eso.
—Pero no en
mí. En mí su dios ha muerto.
—Ni en mí.
La vida es un dios que devora a sus hijos y el mayor placer es ser devorado por
ella. Tú lo sabes. Con cada generación la vida se hace más y más perfecta,
empezó del lodo y del caos, pero cuando alcance su perfección total, acaso en
trillones de trillones de años en el futuro, por fin será un dios eterno y
acabará con este mundo imperfecto y empezará el cielo.
Una
vez más eracom se asustó de que Anthonio supiera pormenores de su vida
más que él, que básicamente no sabía nada de sí mismo.
—No me
arrepiento de ser fiel a mi naturaleza. Pero tú le das la espalda. Pero sin
ella no serías nada. Yo te devolveré a tu ser. La biología es el dios del que
el hombre se ha alejado y por eso se ha perdido. Por eso sufre, por eso sufres,
el hombre no debe vivir para sí mismo, además es inútil, pues somos mortales.
El hombre debe vivir para lo eterno: sus genes.
—¡Fanático…
supersticioso! —dijo eracom
rechazándolo cuando sintió que comulgaba con algunas de sus peligrosas ideas.
Comunión que Anthonio notó.
—Sí. La
religión en todas sus formas es superstición, ignorancia y maldad. Pero debajo
de esa primera capa de tosquedad está su verdadera realidad, la religión es la
voz misma de la naturaleza. Por eso en la prehistoria denostaba del aborto, la
anticoncepción, el placer solitario, pues amenazaba a la vida que es
multiplicación, tú lo has estudiado en tus investigaciones del pasado, la
religión, en cualquier de sus formas también atacó a la vieja homofília, que
afectaba a la vida. Ahora la vida está en otro contexto al que debe adaptarse.
En el presente es la heterofilia la perjudicial a la vida, pues nos mezcla con
esa nefanda especie, por eso es pecado. La concepción natural es pecado, pues
frena la evolución artificial que es acumulación de perfección, necesaria para
que un día el dios sea un dios. Tú le ayudarás. Me ayudarás extinguir a la otra
especie.
El joven sin pasado quedo asombrado por
su lucidez y belleza. Había esperado a un ser abstruso y dogmático, pero Anthonio no era así. Anthonio a pesar de su hipocresía y
desinterés por el dolor ajeno no diría esa tarde ni una sola mentira.
—Te he
traído porque necesito no tu conocimiento de la siensia, nadie mejor que nosotros sus carceleros para conocerla, pero,
aunque somos eruditos no podemos crear cosas nuevas. Ya no nace gente así y no
es una vergüenza, así quiso la vida que fuéramos ahora, tú eres ignorante e
inmaduro, y algo está irreversiblemente quebrado dentro de ti, pero puedes
soñar cosas nuevas. Por eso te escogí. Y cuando recuerdes quien eras serás el mejor
siervo del dios. Luego te mataré.
Y
rozó con su mano fornida la cabeza de eracom.
Este sintió intimidad, esa cercanía única que hay entre el asesino y su víctima
en esos minutos finales en la víctima muere abrazándose a su ejecutor. Único
humano con el que cuenta y en el que puede verse así mismo, intimidad solo
comparable a la de los amantes por primera vez desnudos un frente al otro.
—No te
forzaré. Sé que es imposible hacerlo. Ni te amenazaré con dolor. Te enseñaré
que tú mismo deseas la vida del dios.
Los
ojos del joven sin pasado se pasmaron.
—Lo que yo
deseo es algo imposible… —dijo como confesándose y encontrando alivio en su
confesión.
El fuerte pecho de Anthonio respiraba emocionado bajo la ropa sacro-militar. Lo
excitaba el poder que ejercía y la desesperación y vulnerabilidad de su víctima.
De pronto vio un velo de tristeza en su prisionero. No era pena, sino una
especie de vergüenza o pudor. La causa: la figura carnal contorneada con fuerza
y belleza de Anthonio, dibujada de
fuertes volúmenes cargados de una intensa masculinidad. Tan semejante a la de….
Un segundo y Anthonio lo adivinó.
—No eres
tan inhumano —dijo cruelmente lúcido.
Lo
rodeó y no pudo reprimir el deseo de ser deseado. Jugó a acercar la humedad de
su boca a la reseca de su prisionero y este sintió esa tibieza muy cerca, al
sentirlo y sabiéndose perdido pensó en Eme,
y soñó con él al recibir aquel calor, y se entregó por un segundo a esa dulce
fantasía. Ahí, en medio de ese sórdido infierno.
Pero
ya separado de Anthonio, se puso a
distancia de sus emociones.
—No te
abochornes, ese deseo que siente es santo. Ese deseo hace florecer a la
naturaleza y la perpetua. Ha dado al mundo de piedras y paisajes vacíos, la
voluptuosidad de la vida. Déjate llevar…— Dijo y adoptó con sus fuertes brazos
una pose escultórica que mostraba en toda su magnificencia su belleza de ser
vivo.
—Yo estoy
libre de la vida, elijo mi destino diferente al destino de la vida.
—Que es la
eternidad. No hay otro. Solo hay vacío y caos más allá de la vida. La
alternativa es la nada. Es decir, no hay alternativa. Te avergüenza tu pasión carnal,
pero te entregas a una antigua lujuria humana, la del saber. Yo te la reglaré. La
biblioteca será tuya. Esa pasión también la engendró la vida que tanto odias.
Sí, aún está la vida en ti. Agusanándote. Te llevaré a las bibliotecas perdidas,
que tanto soñaron poseer tus hermanos de la secta de la memoria, y podrás vivir
y morir ahí si deseas. Solo debes construir para mí una máquina. Te daré lo que
tu secta ha buscado por centurias, la llave de las bibliotecas vedadas...
—¿Qué
quieres? —dijo eracom seducido un
segundo por la oferta.
—Un modo de
extinguir a las mujeres. Sé que naturalmente ocurrirá en pocas generaciones, es
el destino de toda especie inferior, pero quizás el dios no aguante tanto y
necesitamos apresurar su evolución. El otro sexo es un monstruo que la infecta.
—¿Ellas
enferman a nuestro dios?
—Sí. Nos
parecemos más a los monos que a ellas —dijo Anthonio
con gesto piadoso—. De los monos nos separan algunos genes, de ellas todo un
cromosoma. Infelizmente aún podemos cruzarnos con ellas y engendrar mestizos
degenerados, no así con los monos. A pesar de las prohibiciones y el tabú, aún
no podemos impedir ese cruce.
—¿Si la
naturaleza las originó por que acabar con su creación?
—No son
sinónimos naturaleza y vida, la naturaleza es caos y la vida orden, la vida es
la naturaleza purificada del caos que la va consumiendo. La vida devora a sus
padres para evolucionar. Hace miles de años, nuestra especie vivió en simbiosis
con esa especie. Nosotros evolucionamos para conquistar el mundo y ellas para
reproducirnos, a cambio de existir. Solo los hombres son hombres, incluso los mestizos
como tú, la otra especie ha vivido solo de replicar a los hombres, nada más les
interesa, como dijo un antiguo pensador, si fuera por ellas aún viviríamos en
cavernas, ni siencia ni religión ni
filosofía ni arte ni metafilosofía les importa…
—Como a
Uds...
—Sí. Pero solo porque descubrimos algo más
profundo que la filosofía o el arte. Siendo minoritaria la heterofilia, el
chantaje fisiológico acabo. La tecnología de androgenotes creada por tu antepasado ha revolucionado la vida, los
homofílicos dominan el mundo. Ya no dan nada cambio de existir. Ni siquiera una
falsa promesa de felicidad.
—Tú también
vives por una promesa.
—Pero no
falsa. Yo vivo para la vida del dios y moriré por él.
—Para mí
tanto hombres como mujeres son especies primitivas. Tanto esa especie como la
nuestra son inútiles. Desearía que ambas desaparezcan y también tu repulsivo
dios.
Anthonio
trago saliva, no es fácil ser inquisidor… pero se dio fuerzas para seguir.
—Cada año
van desapareciendo las fábricas de energía. Los recursos no bastan para ambas
especies. Una debe desaparecer.
La
lógica de la vida es la causa de las guerras —pensó eracom.
—Además,
son fuente del pecado nefando y de uniones heteromorfas. ¡Bestialismo! Dan
origen a una raza degenerada, mitad monos y mitad hombres. Parecen más
semejantes a los neandertales, fornidos, hormonales y con una mente
rudimentaria y avariciosa. Si la humanidad llego a ser la escoria que es, es
porque siempre eligieron a los malvados y abyectos.
Eracom pensó en que Eme
era así, y también Anthonio si
estuviera desnudo y mudo.
—Yo soy un
mestizo, y amé a uno, sé que no siempre fue así. En el pasado la humanidad era
toda heterofílica.
—Un pasado
menos evolucionado. En la prehistoria los homofílicos dañaban al dios, ya no.
Hace siglos un antepasado tuyo llamado Ele,
mejor dicho, un clon tuyo, creo la tecnología de androgenotes. Desde ese
momento las uniones homofílicas fueron fértiles y por ello dejaron de ser
desviadas. Es por tu semejanza con aquel antepasado que te busqué. No es la
primera vez que naces. Ni la última. Yo también soy la versión de un remoto
hombre, un eremita del desierto, el santo Antonio, torturado día y noche por monstruosidades
e imágenes de erotismo brutal, pero su fe prevaleció, mi nombre y el suyo viene
de anthos, una vieja palabra ya no usada que significa flor, paradójicamente
figura de pureza y belleza de la vida y también es un órgano sexual. De anthos
viene antología, colección de flores, como la biblioteca vedada…
La
otra especie retrasa la evolución, al mesclar genes modernos con los de la una
especia primitiva. Ahora son parásitos. Los prejuicios como los dogmas no son
falsos. Son verdades profundas.
—Pero aún
hay hombres heterofílicos. Yo conocí uno —dijo sintiendo confianza de hablar
con su torturador— y a nadie quise más que a él.
—No lo era,
era solo un atavismo. Ayudarás a la perfección del dios y te ayudarás —dijo Anthonio y tiró toscamente de los hilos
metálicos que atravesaban los huesos del prisionero, liberándolo, este fue
electrocutado de dolor. Pero estaba libre por la terrible fuerza del sacerdote.
—Su dios es
imperfecto, por eso no es un dios.
—Nosotros
solo vemos parte de la historia del dios y somos responsables de ella. El dios
está en la eternidad y en esa eternidad es perfecto. En el tiempo no lo es
efectivamente. La eternidad está hecha de instantes. En ellos es feo. Mientras
el universo se hace más feo y desordenado, la vida se hace más bella y
perfecta. El viaje del universo es hacia el caos absoluto, el de la vida a la
perfección absoluta. Son ríos antagónicos, opuestos. La vida es la antítesis
del universo.
—Pero no es
así. Antes había un mundo más civilizado y coherente.
—Quizás, lo
eran los seres vivos, pero no la vida, ahora los seres vivos son inferiores
pero la vida superior.
—¿Qué
diferencia hay entre vida y seres vivos?
—La que hay
entre el ajedrez y sus piezas.
— Nuestro
dios parece un monstruo.
—Desde el
fango todo se ve sucio.
—No… yo una
vez vi las estrellas y… lo hice desde el fango de este mundo y ellas no estaban
sucias… —y eracom se sorprendió.
Había recordado algo que había estado borrado en su mente. Anthonio sonrió.
—¿Eso que
has recordado no lo sabías verdad?
—No —dijo.
—Te ayudaré
a recordar por completo quién eres si me ayudas. Haré lo que sea por él.
eracom sintió que por fin su yo
se completaba con ese simple recuerdo. Era más él mismo. Pero después recobró
la razón.
—Pueden
matarme no ayudaré en sus objetivos porque me resultan indiferentes. No busco
la perfección de la vida sino la mía. Ni su vida eterna, nosotros, los transhumanos,
buscábamos la vida eterna del individuo. Y ambas están enemistadas. Me complace
conocer y conocerme a mí mismo. Pero más construirme a mí mismo, no soy mi
pasado, sino mi futuro. Puedo renunciar a conocer. No debo vivir. Ya no soy un
ser biológico. No pertenezco a la casta de organismos del que está conformado tu
dios. Esa lógica de genes y reproducción es abstracta y hace sufrir seres
reales. A los de verdad.
—Duda de lo
concreto. Como la luz que no es color ni algo brillante sino algo más
abstracto. Lo único real es lo abstracto, lo que llamas concreto son solo las apariencias,
dos apariencias somos tú y yo. Y solo aparentemente somos enemigos. Y acaso
estos hombres gritando no son reales, solo existen en la brevedad del presente,
en la eternidad solo existen las cosas abstractas como la vida de la que solo
somos átomos. Y en las que tú y yo somos uno. Ahí no importa que yo te torture
o tú sufras, solo importa la realidad que está detrás de nosotros: la vida.

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