10 EPISTEMOLOGÍAS ARTIFICIALES: Ese Niño
Un trillón de años después…
n
ya estaba en los vagones que los llevaban al castillo de metal. Ningún padre
fue a dejar a sus niños-juguete. Ni el dulce Gnomon que lloraba en su laboratorio de basura por amaru, Abismo había convencido a todos con sus dogmas o con miedo. Todos
entregaron a sus hijos juguete. En la solitaria estación solo androides
administraban el éxodo. Agolpados y aplastados en vagones de hierro se miraron,
era el precio de su inutilidad, Elio
había sido separado de su hermano Enio,
aún llevaba la mitad de la soga unida a su ropa, quizás ya estaría muerto, si los
iban a ser combustible de anti-entropía, Enio
no serviría, era casi entropía el pobre, ¿y n?, él también era entropía, una vez
examinando su adn había pensado otra cosa, pero… elio pensó que quizás
descubrirían su linaje noble, eso los salvaría y a su hermano o acaso los
condenaría, fueron los adultos los que mataron a los Thaumasios y así él debería ocultar
esa condición, pero enio,
¿cómo podría ser él hijo de Thaumasios? Solo fvogelfit había escapado, ¿y N donde estaba? ¿Por qué no venía? Si
había que salvarlos era ahora. No había mañana. La última humanidad había
decidido eliminar por completo a esa casta de esclavos que gastaban recursos en
un mundo cada vez más pequeño e insuficiente.
N no existe decía un murmullo atravesando los vagones. El tren
empezó a avanzar. Una vez que hubo dejado la estación, acabo toda esperanza. Elio cogió la mano de n, y este la de amaru,
y este la del otro y así se sintieron hermanos ante la muerte. Por una rendija
miraron su mundo por última vez, n vio un hombre grandote a solas mirando la
partida desde lejos. Este luego empezó a andar y luego a correr hasta ellos
llamándolo desesperado. Los niños emocionados empezaron a gritar, el hombre
corría con tal velocidad que alcanzo al tren y salto a él con fuerza. De un
salto tosco se agarró del trasporte y empezó a golpear las paredes brutalmente.
—¡Hijo!
—gritó y le falto aire en la última silaba dando patetismo al grito.
Una
vez rotas las paredes entró bruscamente. Ayazx
se detuvo ya dentro y miró con ojos locos entre los niños, n se hallaba en una
esquina del vagón casi aplastado por los demás.
Ayazx cogió su
bracito y lo jaló con fuerzas apretándolo contra él. Se acercó a la grieta del
tren y aunque ya la velocidad era vertiginosa saltó fuera con n.
La caída fue demoledora. El cuerpo de Ayazx y de n rodaron siendo golpeados violentamente con múltiples
escombros y máquinas viejas, pero dada la enorme energía cinética, los cuerpos
no se detenían sino rompiendo y rompiéndose.
Esto dio esperanza a los demás. Pero el resto de la marcha del tren
nadie más vino por sus hijos. Ayazx
había quedado muy maltrecho, pero acostumbrado a la violencia sobrevivió a los
múltiples golpes y se vio a solas con su hijo en la inmensidad de la nada, muy
lejos de las estaciones y de Amil-Urep.
Pero empezaron a andar hasta su hogar. Ese golpe de amor trasformó
irreversiblemente la mirada hueca de n.


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