4 VIAJEROS DE LA ETERNIDAD: Santis Inferno
13,8 billones de años después del inicio del universo…
Los
miembros de la secta de la memoria fueron embarcados a la ciudadela del dogma,
su sueño de construir una nueva y mejor humanidad murió ahí, en su camino
vieron que no eran los únicos condenados, miles de mujeres eran conducidas
también, “destruir lo que destruye” había dicho Anthonio, al parecer habían ordenado expatriarlas, expulsadas a las
ciudades heréticas, también todos los hombres heterofílicos, una lista muy
larga con todos ellos había sido elaborada por años, pero solo la reciente
investigación de Anthonio había
logrado descubrir todo ese mundo y su estructura, era el fin del Jardín Extraño, la ciudadela del dogma había descubierto ese antro de corrupción
metafísica, que era su espejo. Los heréticos habían aceptado comprar a los heterofílicos
como esclavos y a las mujeres como esposas, la bioreligión los trasportaría. Algunos
pocos, avisados, escaparon por su cuenta a la ciudad herética, entre ellos Hans Hahn, pero la mayoría aceptó el
trasporte oficial. Había una enorme lista de cada ciudadano heterofílico, la
gran mayoría nunca había pisado el Jardín Extraño, ni había sucumbido a sus
deseos atávicos, algunos descubrieron ese deseo el mismo día de su detención, Anthonio e Izzi no eran los únicos topos, había habido miles más, muchos de
estos espías eran homofílicos verdaderos, pero no dudaron en llevar por años relaciones
con mujeres, e incluso habían tenido hijos mestizos con ellas, era parte de su
trabajo, dada la orden final entregaron a sus mujeres y a sus hijos para su eliminación
sin culpa. No cabía compasión con seres inferiores y corruptos. Y lo que corrompían
no era solo sus almas, sino la misma naturaleza del dios, sus genes, que no eran
otros que los genes de la humanidad que lo conformaban. La mujer, había dicho Anthonio, siendo inferior, tuvo en el
pasado el poder de decidir a quién abrir las piernas, es decir, de decidir cómo
sería la siguiente generación, al escoger ellas con un abyecto criterio el
genoma de la futura humanidad, diseñaron la forma de una humanidad sucia y
nefanda, es decir, la forma de un dios imperfecto, ese era su peor pecado, si
la humanidad era mala o estúpida era culpa de ellas, este día acabaría su
saboteo a la eternidad inmaculada del dios y su destino de pureza que aguarda
al final de este relato. Los espías, además, indicaron con detalle, donde
encontrar a los demás sujetos de las listas.
Hans Hahn sabía la verdad, escapó
con muchos de sus queridos hetairesis,
pero uno a uno, fueron capturados. Sabía que no serían vendidos como esclavos a
la ciudad herética, conocía ese muy bien esa ciudad y el camino secreto y arduo
para llegar a ella, mantenía contacto y contrabandos con sus autoridades. En su
juventud, al descubrir sus pulsiones heterofílicas, anhelo esa sociedad enemiga
que gozaba de las mujeres sin culpa, regreso a Limma, y fundó el jardín extraño,
y reclutó a sus pornois, pues aprendió que todo contiene su antagónico y
el jardín extraño era posible y necesario al centro de una sociedad misógina. Supo
pues por traficantes heréticos que esa noche morirían todos, el número de
heterofílicos no era bajo, así que su eliminación pondría en desventaja la
doctrina del dios frente a los heréticos y enfermaría aún más al dios, pero el
plan constaba de una segunda parte que les daría ventaja. El sacrificio es
ineludible, la heterofília es un cáncer en el corazón del dios, ¡debe terminar
ahora! —había dicho Anthonio.
Se
había señalado que los heterofílicos ya no eran considerados humanos y se pidió
a la población ayude a su eliminación. Esta cumplió con asombroso empeño y
crueldad, pero con ineficiencia. eracom
vio por el camino los linchamientos espontáneos y el poder de la bioreligión.
Camiones
del terror llegaban de las numerosas ciudades subterráneas satélites de Limma, el pueblo llevaba a empeñones a
sus antiguos vecinos o colegas, y a las vagabundas y mendigas, típica ocupación
femenina, que recorrían sus basurales. A veces esos camiones venían vacíos pues
la población ya había eliminado a todos, solo verificaban la lista local con
los cadáveres, pero lo normal era que fueran ineficientes y, a veces,
erradamente compasivos.
En
lejanas ciudades subterráneas del planeta dominadas por la bioreligión desaparecía
esa vieja tara humana, zAusch 1.400.000 muertos,
Zecbel 600.000, Chen 320.000 Vacnojza
600.000, Danezenken 360.000, tines 65.000,
Bidór oriental 250.000, Quitoz 870.000…
La
eliminación in situ permitía diversos
modos de escapar así que Anthonio dio
la orden de prohibir el asesinato local, todos debían llegar vivos a la central
de dogma, por eso viajaban junto a los de la secta, la ciudadela del dios se
convertía esa noche en centro de un ordenado y santo exterminio.
eracom y los prisioneros de la
secta viajaron maniatados y con las cabezas cubiertas por bolsas opacas,
algunos heterofílicos apiadados descubrieron la cabeza de eracom que ya se ahogaba resignado, pronto descubrieron que el
trasporte no se dirigía a la ciudad herética sino a las centrales del dogma.
Finalmente
llegaron, ante ellos se abría la temible ciudadela el dios. El destino de la
sexta era distinto así que no pudieron ver el lugar donde estos encontraron su
fin. Pero increíblemente eracom vio
como los heterofílicos, a pesar de descubrir la verdad, hacían colas y
obedecían las indicaciones burocráticas como en una gran fábrica o censo, uno
que administraba sus muertes.
No
podría perder combustible así que se organizaban hogueras, el combustible era
la información genética humana, que almacenaba la misma energía de la vida, los
cuerpos, ya vacíos de información se quemaban. Con horror eracom vio como grandes cimas de fuego, alimentados de leña humana,
devoraban cuerpos que sobrevivían unos segundos al arrebato de sus almas, es
decir sus genomas y luego caían a la asfixia y al calor con gritos. Negros
humos se alzaban y una neblina gris con olor a carne humana llenaba los
recovecos de la sagrada ciudad del dios, cuya negritud se repetía en las sotanas
de los santos hombres que la dominaban, evidencia de un holocausto viejo que llevaba
milenios ardiendo.
Ahí
fueron sacados y llevados con el resto a las profundidades de la ciudadela del
dogma. Ahora comprendía a Ahelos, él
había dicho que la humanidad era perversa y que por eso la muerte existía. El
dios la había diseñado como su merecido castigo.

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