6 EPISTEMOLOGÍAS ARTIFICIALES: Un rey desposeído
6 EPISTEMOLOGÍAS ARTIFICIALES: Un rey desposeído
Por esos
paisajes áridos de esperanza el anciano ciego sobrevivió, podía sobrevivir a
casi cualquier cosa, menos a su edad. Deambulaba por las ruinas del Thecnetos
agonizando, un secreto amor y remordimiento no le dejaba alejarse mucho de
ellas. Había hecho un invisible amigo, el niño juguete n, que a veces abordaba
en las calles ahora huecas de gente.
La pequeña
pandilla había perdido su fe en N, las reuniones generales se habían
dispersado, eran ahora una desorganizada reunión de adolescentes en cuerpos
infantiles. Solo elio creía en N, más
que nunca, pero le temía, había averiguado algo que lo asustaba y fascinaba, pero
también lo humillaba, es decir lo humillaba sentir envidia, él que era un ser
noble, un proto-thaumasios, no debía rebajarse a esos sentimientos mezquinos. Logró
convencer a los demás de continuar la construcción de su arsenal infantil de
raras armas de juguete. No fue tan difícil, eran hijos de guerreros y se
entregaban a la fantasía de la guerra con obsesión y felicidad.
elio, fvogelfit
y amaru, lo descubrieron otra vez al anciano hablando con n, ¿Cómo se
habían conocido?
—Aléjate de él
—dijo fvogelfit a n, este agradecía
que aquel anciano ciego lo cuido una vez… Pero sospechaba también que era
alguien más. amaru travieso lo jaló
de sus ropas. El anciano supo que estaba rodeado y apretó su báculo para
defenderse. Aguanto la respiración para no ser notado por fvogelfit que se puso delante de él haciéndole muecas, las leves
luces de sus lentes casi gastadas rosaron al niño, el anciano de pronto alzó el
báculo y lo bajó rápidamente.
fvogelfit fue duramente golpeado en una pierna
y se alejó chillando escoltado por los demás, n que aún estaba cerca tuvo temor
de la habilidad del ciego. Y se alejó de él.
—Espera
—susurró el anciano a n mirándolo con cariño con sus ojos huecos—. Sé quién
eres, el niño esclavo y creo sabes quién soy yo, no te golpearé. Te reconozco.
Eres n. El niño entropía y me debes un
favor.
—Ya nadie es
esclavo. Han muerto nuestros dueños.
—Aún somos
esclavos… Del tiempo.
—No lo
escuches —dijo elio.
n antes de ocultarse, lo vio y volvió
sentir ese déjà vu de haberlo visto
antes, pero no solo era esa vez que lo recogió… algo profundo lo alertó de huir
de él.
—No te vayas
—dijo a la nada el viejo, pero pronto supo que estaba solo. Qué frágil era su
poder ahora y dependía de ese niño casi cosa, le dolió el afecto que ahora
sentía por él, un afecto obviamente no correspondido, n se había alejado sin
hacer ruido o quizás aún estaba ahí observándolo, definitivamente podría haber
adivinado quien era, y aún peor, quien era él mismo. El corazón del anciano Thaumasios se desesperó con angustia. Su
esperanza era de dimensiones cósmicas, sus planes, pero se desvanecían en esa
incertidumbre que era su mediocre realidad.
Solo elio
entendió que significaba todo eso, tembló de miedo, había algo muy malo en ese
ciego, y aun algo peor en n. Algo que los hacía iguales. Lo miró con
desconfianza y algo de horror. ¿Debía decírselo?

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