8 EPISTEMOLOGÍAS ARTIFICIALES: Adios a Ayazx


Un trillon de años después...

 

Petrock había escapado, pero volvió a ver a Ayazx y a su hijo por última vez.

—Ya sabes lo que harán con ellos. La rebelión oscura resultó más sádica que los Hekantokeinos a los que de admiraban en secreto. Debemos hacerlo pronto o tomarán represalias. Al mío ya lo embarqué. Duele, pero hay informes fidedignos de que no tienen alma. Lo que es definitivo es que no tienen vida.

—Sí lo sé, ¿y nosotros? —dijo Ayazx que abandonaría ese día su locura. Lo que amaba estaba contaminado de lo que más odiaba. Ya no sería ese hombre dividido, Abismo había decidido por él.  Los cargamentos de desecho partirían esa tarde llevando muy lejos todo lo que no quería la última humanidad. Entre ellos, ignorantes de su destino, los niños-juguete. Ayazx miraba dormido a n, sí, era feo e imperfecto, Ayazx buscaba en él algo de M, aquí y allá encontraba rasgos familiares pero echados a perder por su deformidad, por la debilidad, los ojos, las cejas, esa especie de calma... Pero ¿por qué era su mirada tan torpe e indecisa? A veces lograba ver los gestos de su antiguo eromenos, pero se disolvían al mínimo movimiento tosco y atolondrado de n y volvía a odiarlo.

En cambio, a su lado fvogelfit era fuerte aun siendo niño. Destruido el Thecnetos, podía usar las tecnologías para hacerlos crecer y principalmente curar a n, así solo fuera por un día, deseaba curar a n de L. Quizás, pero el ejército invisible había ordenado deshacerse de esas muletas que eran los niños-juguete de una vez. Eran una promesa de un futuro imposible. Solo el presente valía y era real. Al anocheser debían deshacerse de ambos en las naves embarque de desechos. Desobedecer era morir. Era el fin de esa raza de esclavos, solo los humanos gozarían de los últimos días que le quedaban al cosmos. Petrock lo había aceptado, era un hombre bueno pero la fe ciega en un bien superior siempre hace malos a los idealistas. Pocas cosas más peligrosas que un idealista. Ayazx, triste, pensó que n no se parecería nunca al ser que había amado por más que se había esforzado por años en cambiarlo. Debía deshacerse de él, dejarlo ir. Pero era difícil.

Pero por unos segundos en los rasgos deformes de n vio algunos de M, y desistió. Lo levanto de un brazo algo toscamente y lo hecho en su cama acurrucándose a él y abrazándolo por primera vez como un padre. El padre que mañana ya no sería, n por primera vez sintió el calor masculino de su padre y lo quiso, siempre lo había querido. Este se conmovió de todo lo que lo había hecho sufrir y n se aferró con confianza al fuerte pecho lleno de cicatrices del guerrero. Y esa unión sincera duró toda esa última tarde.

Pero al anochecer Ayaxz vio en el rostro feliz y débil de n el rostro de L, y lo rechazo aterrado.

Dejaría que se lo llevaran.

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